El escritor se sienta bajo la sombra de la civilización y en lugar de escribir, llora. Es viejo, está viejo -o al menos así lo dictaminó el certero Doctor Guzmán-, pero no se siente viejo. Cuenta sus años y le duele todavía poder correr, saltar, arrancarse algunas canas, tener todos sus dientes. ¿De qué sirvieron [...]

