A Tadeo le gustaba sentir su respiración por las noches, imaginarse mientras tomaba su mano entre la suya que no había en su vida ninguna otra mujer. Pero a ella no la podía engañar con la misma facilidad con que se engañaba a si mismo.
A Tadeo le gustaba sentir su respiración por las noches, imaginarse mientras tomaba su mano entre la suya que no había en su vida ninguna otra mujer. Pero a ella no la podía engañar con la misma facilidad con que se engañaba a si mismo.