Entre mar y tierra
Catherine Cosette

Oct
11

Ella estaba sola. Sola con sus vicios inexistentes y sus miedos profundos. Sola estaba y sola caminaba por las calles grises de la gran ciudad que es el mundo, con sus seis años en la bolsita de la camisa vieja que usaba por vestido. Siempre iba viendo al suelo; no hay cielo para quienes andan por ahí, tan solos y desolados. A pesar de su abandono, no pedía nada a nadie, nunca extendía la manita sucia para esperar de los extraños un par de centavitos; era una pequeña niña sola, pero orgullosa. No, no llevaba con orgullo su pobreza y su nostalgia -¡qué tristeza que un ángel de seis añitos ya sepa de nostalgias!-, sino su hambre y su cansancio eterno; los llevaba con orgullo, porque a veces uno se aferra a lo único que cree tener.

Creo, no estoy segura, que su nombre era algo así como Valentina, o Alejandra, o Lucero, pues algo de pasión dominada brillaba en sus ojos oscuros. Pero, en fin, ¿qué más da el nombre? Estaba sola, sin alguien que la nombrara con una sonrisa o un hueco en el alma. Iba caminando, sí, siempre caminando como si supiera a dónde ir. Quizá iba buscando a alguien o algo. Tal vez se iba buscando, perdida en su propia soledad.

No hay nada más triste que un niño solo. Bueno, sí: una niña sola.

Oct
02

Estaba aquel hombre sentado, los cabellos canos; estaba sentado sobre una vieja y descuidada banca de madera. Leía, anteojos entre su rostro y el papel; leía el periódico local del mes pasado. Se detuvo un momento, camisa de cuadros y en la muñeca un reloj dorado; se detuvo y echó a andar un par de pasos, viendo al cielo. Miraba, la vista cansada y las manos temblorosas; me miraba mirarlo y luego escribir a vuelapluma lo que me dictaba la mente.

Alguien se le acercó a aquel hombre, alguien apenas unos años más joven y de semblante enfadado; se le acercó dicho alguien y él, ignorándolo, se decidió a desdoblar el viejo periódico y comenzarlo a leer de nuevo. Se alejó entonces ufano el alguien invasor, las manos en las bolsas del pantalón.

Sep
27

Un día cualquiera, vi pasar frente a mi ventana a un caballero. No lo dude ni un momento, no permití que otra idea invadiera mi mente: era aquel un caballero; sus ojos, grandes, redondos y serenos, lo gritaban a los cuatro vientos. Era caballero y toda la vida se le notaba en la limpia y fina sonrisa. Ese día cualquiera, lo seguí con la mirada desde mi decadente ventana y sólo existía a su alrededor el pavimento que pisaba, lo demás se disolvía por su mágico efecto de prendar. Caminaba lento y su impertubable caminar era como un vaticinio o una quimera. ¡Raudo se alejó de mi vista, ligero como una hoja seca de otoño!

Me pregunto si algún día, algún remoto día, volveré a ver (aunque sea de lejos) a un caballero.

Sep
19

Ella no necesita esconder la pupila y relajar los músculos al caer la noche para vivir soñando. A ella, pequeño augurio y gran promesa, le basta ir persiguiendo al sol como lamparita voladora; día con día, perpetua primavera. Es ella a veces un girasol que se tiñe de mil colores, uno para cada ocasión, cada cual con su correspondiente sonrisa.

No revuelvas tus recuerdos, no ocultes tus desganas; ella no va a irse lejos, ella seguirá adornándote la mirada hasta que se consuma la alegría. Pero, déjame decirte una cosa: la alegría no se consume, no se acaba. La alegría sólo se ignora, se desatiende, se olvida, se rechaza; pero no se agota. Ella lo sabe, ella y sus capullos. Ella lo entiende, porque ella lo vive.

Sep
17

Ese fue mi gran error, estar perfectamente bien mientras te humillaban las frecuentes visitas que me hacían aquellas flores de jardín. Mis errores pasan, pero casi siempre nos destruyen; tus matices se quedan, pero casi siempre con algo de melancolía incrustada. Y no supe bien cómo decírtelo: nada de soledad hay en tu espera, el cielo abierto es el que afecta a tu tristeza insaturada. Soy tu tiempo, tus ojos y tu figura; tú eres mi carnaval, mis rosales y mis años. Juntos iremos perdonando a los silencios que se guardan en la bodega, lentos y tomados de los pies.

Sep
12

Marca el infeliz calendario que hoy es doce. ¡Mentira, absurda falacia! Hoy es once, hoy sigue y mañana seguirá siendo once. Once hasta el final de nuestros sueños, once dentro del recuerdo y para la utopía del pueblo. No dejará de ser once hasta que en la memoria caiga profundamente el olvido de los miles que aún se estremecen al pensar: Hoy es once de septiembre.

Han pasado sólo tres eternos segundos desde que Allende, con su último aliento, concluyó su mensaje al pueblo -Chileno, mundial, utópico- diciendo: “Estas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”. ¡Certeza! Sí, ningún sacrificio en nombre del pueblo, de la justicia, del progreso equitativo, en fin, del amor a nuestros semejantes, será nunca en vano. Ni una sola muerte es en vano. Una flor que, marchita o fresca, cae desnuda sobre el suelo, siempre incita a las demás flores a levantar en alto sus pétalos y ser fuertes ante las próximas advercidades.

“¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!”, Allende gritó. Yo exclamo ahora: ¡Allende vivo en la memoria del pueblo que conoce al olvido como su propia perdición! No olvidemos las bases de todo aquello (de todo esto), no olvidemos quién fue, qué pretendía y cómo lo logró; no olvidemos que el cuándo fue un 11 de septiembre de 1973, fecha que varía en otros países que vivieron las consecuencias de aquel inmundo Plan de la década de los 70s (Cóndor, por si alguien deseaba saberlo). “La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen”. La historia la construye el pueblo y es justamente el pueblo el que lucha para que el mañana, que será de los trabajadores, se convierta en un hoy.

Ahora bien, hablar del once de septiembre y no mencionar el “ataque terrorista” a las Torres Gemelas, en un año tan cercano que es totalmente tangible (2001), es imposible. El mismo día, la misma suerte para el pueblo. Muerte, desgracia, intenciones ocultas del gobierno (que vino al ser el mismo que en 1973), injusticia y conspiración indiferente al sufrimiento humano. Todavía nos duele (me duele) a quienes vimos, en el preciso instante en que ocurría, a las dos Torres con sus miles cayendo inolvidablemente*.

Pero no es un dolor que deba permanecer callado, es un dolor que grita por salir de nuestros corazones y exige respuestas. Mucho se ha dicho y escrito al respecto; pero nada está claro aún. ¿En realidad Washington tenía conocimiento de que algo fuera de lo normal pasaría aquel día? ¿Fue acaso un pretexto dicho “atentado terrorista” para las invasiones y la guerra que hoy en día sigue vigente? ¿En realidad fue un atentado terrorista, o fue todo planeado por el propio gobierno?

Hoy no es doce, mañana no será trece. Hoy es once, como ayer. Hoy y hasta que lo que comenzó aquel once del 73 y del 2001, vea su fin.

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Sep
09

Me gustaría cogerte de un cabello y darte un paseo por la luna, mostrarte desde las alturas lo más bajo de nuestra existencia. Porque (no sé si ya lo sabías) desde la plateada sonrisa del horizonte, no se alcanzan a distinguir las grandes casas, ni las multimillonarias empresas, ni mujeres hermosas tratando su cuerpo y sus cabellos para adornar físicamente los desperfectos del alma; no, nada de esto. Desde allá, de donde colgarías de un cabello si mis deseos fueran posibles, se ve apenas el niño huérfano que pasea con frío por las calles indiferentes de la gran ciudad, el hombre que camina agotado entre los cultivos de caña de azúcar escondiendo bajo un gran sombrero sus canas del perverso sol, la mujer que pega gritos en el mercado para vender sus tomates y cebollas; sí, todo de esto. ¡Qué lástima! Aunque quiera, es imposible cogerte de un cabello y mostrarte el mundo tal cual es, apoyando tu cuerpo desnudo en una de las manchas de la luna.

Sep
08

Leí en el suelo algo parecido a una esperanza (o ilusión, o corazón). Siguiendo esa huella, fue como llegué a usted, lamparita de recelos y angustias vanales. Me sonrió, mientras yo le besaba la vida y así estuvimos un par de siglos, observándonos los rostros y los amores. Una de esas décadas, me senté en su frente y dije: “Seamos juntos una misma raíz”. Usted me tomó, cálida y sumisa, entre sus manos de cobre y me sostuvo un rato entre las nubes. Poco después, me dejó sobre el mismo suelo frío que antes me había llevado a su presencia, y se alejó tarareando. Lloré unos mil lustros, desesperada y enferma. Desde entonces no he vuelto a leer (ni en el suelo, ni en el cielo) algo semejante.

Sep
06

Capital, sucio es tu destino, como lo fue también tu nacimiento. ¿Qué ves en el mundo, sórdido capital? ¿Ves a tu hermano, tu semejante, sollozando en la calle de frío y hambre? ¿Notas acaso al campesino que trabaja como animal para al final no tener manera alguna de alimentar a su familia? ¿Has escuchado las quejas mudas de los empleados de tu sangre? Oh capital, para ti todo eso es menos que nada, es un grano más de arena en el mar de tu existencia. Lo único que te importa lleva impreso tu nombre; lo que te interesa es la acumulación propia y la iniciativa. Eres grande, eres poderoso, eres exitoso, eres influyente. Pero, ¿dónde ha quedado en ti el amor?

Capitalismo infame, capitalismo egoísta, capitalismo asesino, capitalismo explotador, capitalismo sin aliento, capitalismo con abismo, capitalismo esquivo, capitalismo indiferente, capitalismo sordo, capitalismo inhumano.

Sep
05

Un día los vi rompiendo el hielo de sus labios, ambos sentados en la humedad del malecón y recargados uno sobre el dibujo del otro. En aquel crepúsculo, no reconoció el día sus fronteras naturales y se alargaron las horas para poder acariciar la suavidad de cada segundo. Los ojos de uno, eran girasoles que se reverenciaban ante el sol tan cercano que los iluminaba. Las manos del otro, buscaban con jocundo afán llover sobre el rostro de su suelo. No había horizonte que limitara sus cabellos tranquilos, ni tormenta que alterara sus sonrisas perdidas. Un día los vi, sonreí a la vida y me alejé.