Entre mar y tierra
Catherine Cosette

Sep
01

No hay memorias, todo son flores marchitas que se guardan con envidia. Recordar es dejar de vivir el instante y comenzar a sentir lo eterno, lo que sólo va a morir el día en que ningún alma se interne en sus laberintos. Y hay siempre tanto que aprender de lo que se recuerda; es como si el mismo mar alargara sus labios profundos sobre nuestra frente. El beso del mar es el beso de lo que fue, lo que es y lo que será hasta que llegue el final.

No hay memorias, son sólo sueños que formaron parte de una mentira o de una realidad, ¿hay demasiada diferencia? Propongo traer siempre puesto el corazón sobre todo. Traerlo sobre los ojos, encima de los oídos, como filtro de palabras sobre nuestros labios, vibrando en cada poro ante cada caricia (un poeta dijo un día que la caricia es un lenguaje). Traerlo colgado de los cabellos como a un sueño y agitado en el pecho como una bandera por la cual luchar (hasta vencer o morir).

No hay memorias, todo es el miedo a caer perdidos sobre el papel escrito del recuerdo comunitario. Y alumbra el sol de la tarde la mitad de un cuerpo vacío. Y, en fin, no hay memorias; todo es ocaso.

¿Por qué no lloras el fuego que te quema la sangre?

Ago
31

Luces del pasado que, de vez en cuando, tienden a dejarnos un poco más ciegos. Lo más azul de lo que fue o dejó de ser, es la conciencia de que eso tuvo un después, que es quizá el ahora.

Esta es la historia del embarazo del olvido, de lo que permaneció escondido durante vidas y que, cuando regresó al camino de lo que vuela, no se supo sueño, realidad muerta o pasado fantasma. Esta es la historia de un animal que, como muchos otros, para sobrevivir a la represión asesina, tuvo que esconderse profundo, casi exánime, y alejarse de los ojos que acarician y de las sonrisas que amanecen tiernas y cálidas. Volver a vivir, después de tantas voces siendo algo exangüe.

Ago
30

Tender es caer en ninguna dirección, sólo caer produndo y con mucha luz. Porque aunque hay quienes ven en la oscuridad el abismo, yo encuentro la caída en la luminosidad de la vida, en el deslumbramiento propio que provoca a las almas sensibles, las mismas que tienden a caer más (o menos) allá de lo establecido. Es como un síndrome esto de ir cayendo (hacia arriba o hacia lo verde, ¿qué más da?), es como la imagen de un conjuro viejo en los cuartos de lo escondido.

Aquí cerca hay algo que no todos se atreven a ver, algo que empieza con realidad y termina con la ternura de la parcialidad. ¿Por qué no asomas un poco la mirada, aunque sea solamente durante un límpido segundo? Hacer un alto a la ceguera elegida (duele menos, me permite continuar encerrado en lo mío), pues a veces no nos damos cuenta de que lo nuestro es sólo un collage de lo demás. Detener la carrera olímpica de la indiferencia. Caminar al lado de lo mío, que es lo tuyo y lo del que está junto a ti.

Ago
29

Instantes negados por soles y títeres, que buscan en el interior del infinito un trago de olvido en el cual esconder la carne. ¿Qué es lo que sufren, amargados por la sed de algo que trascienda por el tiempo? ¿Dónde encontrarlos, si su mera existencia es un mito más en nuestra historia?

Es peligroso mirar a lo oscuro, asomar un ojo y una uña, para sentir el vértigo de las nubes densas de la noche, que son como el humo de las fábricas cuando te alejan de mí.

Ago
23

Me gusta acostarme a escuchar al viento, que es como el canto de lo invisible a nuestras pupilas. Me gusta porque cuando el viento sopla, trae consigo llantos, rezos, perdones, súplicas, discusiones, risas, olvidos y mucho de pasado; porque cuando sopla el viento, en él viene acumulada la historia de la vida y con él se aleja la mía. Escucho, cuando se azota contra mi ventana, a las Madres de la Plaza de Mayo llorando un abril de 1977, a un judío anciano gritar en las cámaras de gas, a un grupo de indígenas desplomándose bajo el látigo imperialista español, a las torres cayendo con sus miles, a la Cuba gritando ¡Patria o Muerte! …y tanto más que brilla en el corazón del que no olvida.

Siento, vivo y recuerdo escuchando lo que para otros sería un ruido común, lo que para mí es todo un himno. Porque en el cielo se encuentran los sueños, porque con la lluvia caen todos los lamentos, con los árboles bailan los recuerdos y con el viento, canta la historia.

Ago
22

La verdad es que las azucenas no lloran, es tan sólo el rocío fresco de la mañana. Porque, ¿qué sería de Dios si las flores llorasen? ¿Qué quedaría de Revolución y primavera entre los capullos? La verdad es que el sol no se aleja, tan sólo se extingue por un momento, pero continúa ahí, contemplándonos curioso con su disfraz de amapola blanca, única en su especie. ¿Por qué habría de alejarse tanto tiempo del dulzor el amigo nuevo o renovado que alumbra sin mirar a quién? ¡Cuánto cariño que se esconde a nuestras miradas! ¡Cuánto de primavera y otoño en un mismo alarde!

Mientras aquello huye, sus cabezas, riachuelos de lo eterno, yacen colgadas con fino alambre de cielo viejo. No se olvida el sueño de quienes han muerto en su búsqueda, aunque nunca acaba de fallecer quien así termina. La bronca sigue ahí, con distinta mirada, con diferente sonrisa que engaña y se burla. El combate sigue ahí, medio dormido y un tanto ufano, pero sigue ahí.

Conozco historias con finales perdidos.

Ago
21

Me sorprende reconocerme asimétrica a la luz del televisor, escuchando palabras ininteligibles y notándome nublada la mirada. ¿Qué dicen? ¿Quién es aquel? ¿Qué sentido tienen sus acciones ridículas? Entretener, o algo semejante. Y luego escucho el canto disonante de las aves extravagantes que me rodean y mi consternación aumenta. ¿Por qué (y la cuestión me retumba y esclaviza) hablar de la novia de tal gritón extraño, del divorcio de alguna pareja más conocida que reconocida, del nacimiento del primer hijo de aquella mujer que nunca fue dama; cuando mueren de hambre en el mundo siete niños por segundo? Superficialidades perezosas, extranjeros en su propia tierra. ¿Qué han de saber del capitalismo asesino esas aves descoloridas, que ni siquiera han aprendido a extender sus alas? Me duele tanta indiferencia pero, sobre todo, me conmueve admitirme dispar entre los pares.

Ago
20

Seguir, continuar caminando este paseo oceánico, sin pensar en llegar a alguna parte, algún día. Seguir viendo al mundo correr, perdido e indecoroso, en el infinito de lo azul. El globo gira y va cambiando de colores a medida que florece o se marchita; también lo hago yo. Los árboles sonríen y bailan, yo bajo la mirada y lloro.

El viento trae consigo tus cabellos largos, pero no puedo detenerme a aspirar su olor mortal. Debo seguir adelante. Aunque a veces me da por seguir hacia atrás, o para un lado, o haciendo ondas en lo oscuro.

Es extraño saber perfectamente algo, es como si quisieras olvidarlo todo para volar menos bajo y más profundo.

Seguir, sólo para poder decir que de lejos noté en los ojos de una anciana moribunda el brillo del primer amor. Aunque cada amor que nos regalan los jazmines durante la primavera, debe ser siempre el primero y al mismo tiempo el último.

Yo voy a seguir caminando para amar o, más bien, amando para poder continuar.

Ago
18

Tú, que en tus manos de hierro reposan los sueños, las carencias y los absurdos; tú eres cielo denso que cubre nuestras miradas. Infinito afán de alejar lentamente la vida de su razón. ¿Por qué no lloras, perverso ser de indefinible figura? Las flores se marchitan, las nubes se precipitan, las hojas caen cada otoño, todo muere y todo vuelve a nacer; tú sigues intacto, con la misma frescura de un recién nacido, con las mismas mejillas sonrojadas de un adolescente, con la misma mirada encendida de un niño que sueña.

Cuando alguien camina sobre la arena, tiene la vaga impresión de que tras de si va dejando huellas. ¿Qué huella es más pesada que la tuya, más implacable, más feroz? Tu huella se imprime en las almas de las personas, en el corazón del pueblo, en el pensamiento de la humanidad. A veces miro hacia atrás y pienso en ti, o dirijo mi mirada al porvenir y me atemorizas. De nada sirve implorar.

Ago
16

Pronto te irás, dejando en el techo silvestres desesperaciones y algo de invierno. Mientras tanto, coloreas con delfines luminosos la vaga expresión de tu inteligencia. ¿Dónde han quedado los recuerdos de odio absurdo y decadencias máximas? No es tan importante saberlo, ya que dentro de unos ríos te marcharás lejos, a las alturas del infierno, graznando desventuras y desamores y desquiciados. Cuando te alejes de lo huraño, espigas de trigo te contarán sus querencias; pero tú ya serás sordo a las voces de lo infinito y a los cantos de la aurora. ¡Qué tristeza! Pronto te irás y lo peor es que nada se acaba, mientras uno no quiere que así sea. Muy pronto te encaminas a lo oscuro, jalando tras de ti arañas y lagañas; yo ya no abro los ojos, tampoco lo hacen las estrellas.